Nunca pensé cómo sería mi vida con más de treinta años.
Siempre creí que no estaría.
Ahora suelo soñar despierta con ella.
Nunca he buscado que sea perfecta.
Yo solo quiero poder vivirla en paz.
Espero que me permitáis hablar en este post en tercera persona, al final, esta vida solo es una ilusión que está demasiado lejos de la realidad.
Despiertas en un pequeño apartamento lejos de donde estás. Edimburgo, algún pueblo de Noruega, quizá bajo el cielo del País Vasco o los amaneceres de Navarra.
Sales de la cama y caminas descalza hasta la cocina para preparar café. Quizá antes de salir a trabajar a esa diminuta cafetería que hace esquina donde todos los clientes son amigos o para acompañar sentada en el escritorio mientras enciendes el ordenador para comenzar la jornada.
El día es oscuro, vives en un eterno otoño o compartido con el invierno. Llueve demasiado, pero para ti solo es un recordatorio de la necesidad de dejar salir las emociones.
Preparas algo rápido para almorzar porque sigues siendo perezosa con la cocina.
Disfrutas, por fin, de la soledad real. Aquella que tienes por elección y que no te da miedo.
Agarras otro libro de la estantería y te sientas en el sofá del salón junto con una taza de chocolate caliente mientras te olvidas de que el mundo existe.
Es viernes. Te arreglas: medias gruesas, esa falda que te da vergüenza ponerte, tus botas favoritas y una sudadera desgastada. Agarras la mochila y, con la noche cayendo como invitación, sales de casa.
El bar de siempre, la mesa de siempre, las amigas de siempre. Hoy habéis vuelto a quedar. Llevabais meses sin veros, pero nunca pasará el tiempo para vosotras.
Risas, secretos, miradas que gritan cuánto os echáis de menos, abrazos y promesas de repetir más a menudo.
Vuelves a casa, sola, pero llena de vida. Esa que más de una vez te quisiste quitar.
Quien soy hoy está lejos de llegar a ser ella.
El diciembre pasado me propuse trabajar en muchos aspectos para acercarme a esa visión y, aunque en el camino me caí demasiado hondo, hoy vuelvo a ponerme en pie para seguir caminando.
Sé que habrá recaídas, que querré rendirme, que huir siempre ha sido más fácil, pero necesito intentarlo, una última vez o una vez más.
Quizá nunca pueda vivir su vida, pero sí sea yo, en paz.