domingo, 22 de marzo de 2026

castaño

Dicen que, cuando una mujer se enamora, su pelo tiende a ondularse.

Quizá por eso, desde pequeña, soñé con tener el pelo rizado.

Puede que no tenga relación, pero qué bonito era mi pelo cuando estábamos juntos.

Ahora es un nido de ausencias y cada una de ellas lo enreda aún más.

¿Será el pelo la conexión física con lo emocional?

En lo personal, siempre he necesitado expresar mis sentimientos a través de él.

Mi corte, el color o el peinado siempre será el reflejo de cómo me quiero.

Querer. Querer(se).

Qué difícil me parece ahora.

Tal vez por eso llevo meses sin atreverme a hacer un cambio.

Yo, que he sido la práctica de mi peluquera desde adolescente.

Nunca he sabido quererme y, por ende, nunca he podido elegir entre un color o una forma.

Ahora tampoco sé si soy capaz de querer (bien).

¿Cómo se quiere cuando te han hecho daño?

Desconfías.

Como cuando sabes que no solo te van a cortar las puntas, pero estás ahí, sentada. Resignada a lo que sabes que pasará, pero suplicas, mentalmente, que no.

Tienes miedo.

Como cuando decides hacer un cambio y no estás segura de cómo será el resultado.

Continúas.

Porque siempre tienes la esperanza de que esta vez sí, entenderá qué es lo que necesitas.

Yo, que no sé querer de otra manera que no sea con todo.

Que, capitana del barco, siempre me hundiré con él.

Ahora surco, con mi pelo al viento, esperando que, si no lo veo, pueda salir bien.

Porque decidí parar.

Dejar descansar el pelo como también lo necesitaba mi amor.

Y ahora que navego, consciente del error, me tiemblan las manos para sujetarme los mechones que se me escapan.

Elegir(te) a sabiendas de que en esto no hay vuelta atrás.

Creo en las segundas oportunidades y el destino.

Creo que todos podemos cambiar.

Creo en las personas.

Creo en ti.

Porque no hacerlo sería negarme y yo necesito ser.

Porque mira qué bonito tengo el pelo, cuando tú me miras.

domingo, 15 de marzo de 2026

no te odio, pero

Quizá en estas semanas te hablaron de mí.

Espero que no te contasen la verdad.

Que te hayan mentido diciendo que sonrío sincera y que pronuncio tu nombre sin que se me quiebre la voz.

No sé si en algún momento has preguntado cómo estoy.

Puede que hayan cambiado de tema.

Nadie quiere contar cómo otra persona lucha por sobrevivir.

Pensarte es olvidar respirar.

Tengo un infierno en la garganta que no me deja hablar de ti y un mar en mis ojos de llorar tu ausencia.

Todos nuestros "siempre" anidan en mi pecho.

Desorientados, buscando salida. Una que ni yo encuentro.

Diecinueve días de contacto cero.

Vuelta a empezar.

Cada vez que alguien pronuncia tu existencia, la ansiedad brota sin control.

¿Qué hago con todas tus mentiras?

Las guardo aquí, conmigo.

Duermo con ellas y con cuarenta y tres monstruos cada noche.

Acabé dejando terapia.

¿Cómo le explico a la psicóloga que me enamoré de alguien que nunca me dijo una sola verdad?

Pregunto, en voz alta, lo que no me puedo permitir preguntarte a ti.

¿Cómo estás? ¿Me echas de menos? ¿Has conocido a otra persona? ¿Te arrepientes? ¿Sigues sintiendo lo mismo? ¿Volverás?

Destrozarme fue tu redención.

Volvería a pasar todo esto por ti.

He hecho llamadas de auxilio.

He pensado que la ansiedad sería capaz de matarme.

Ahora tengo amigos en alerta, durmiendo conmigo porque saben que es la única manera en la que puedo descansar.

Me has dejado rota.

Te confié todo lo que había reconstruido.

Y mis pequeñas ruinas ya no están.

Las quemaste con tus palabras.

Ahora todo es ceniza que se lleva el viento.

Ni yo me tengo.

Sigo colocándome la sonrisa y mintiendo con un "estoy bien".

No hablo de esto para que nadie pueda juzgarte.

Echo de menos cómo me mirabas, verte sonreír.

Siempre nos quedará pendiente una conversación.

Pero no puedo volver.

Ni por mí, ni por ti.

Debes continuar el camino que has empezado. Todo te va a ir bien. Porque, a pesar de nosotros, te lo mereces.

Yo me quedo aquí.

En un recuerdo, varios "ojalás" y lo que nunca voy a ser.

No te sientas culpable a pesar de estas palabras.

Vive. Lo que queda, vive.