Hace siete semanas que no consigo expresar mis propias palabras.
Cuando decidí irme, proyecté demasiadas expectativas que, al final, se volvieron en contra.
La llegada fue el indicador de que todo aquello no iba a salir bien. Lloré durante dos semanas la nada. Me sentí vulnerable, rota, sola. Todas las personas me advirtieron de que adaptarse no es cuestión de días, pero a mí se me hacía imposible el cambio.
Siempre he pensado que no era alguien que necesitase tener a su familia o amigas cerca, y estar a una hora de diferencia me ha dado un golpe de realidad con ello. No es necesario para mí estar en el mismo lugar, pero sí poder correr a ellas cuando alguna de las dos partes lo necesitemos.
Reconozco que no tener el apoyo de una persona importante para mí fue el mayor detonante de que no haya sido una buena experiencia. Convivir con una distancia fría me hacía incapaz de verle nada bueno al estar allí.
He regresado con el corazón un poquito más lleno. Y, sin duda, me quedo con el cariño de las personas con las que he trabajado y el reconocimiento de haber hecho un buen trabajo.
Una de las espinitas de esta vivencia es no haber podido compartir más tiempo con mis personas canarias favoritas. Cuando tomé la decisión de volver, me entristeció no haber pasado el tiempo suficiente con ellos.
Seis semanas han dado para bajar a lo más profundo y también para aprender más de lo que cualquiera pueda creer. Me he conocido bastante y he dejado muchos miedos atrás.
Nunca intenté de forma activa cambiar de trabajo porque siempre he pensado que no sería capaz de hacer otra cosa. Ahora, después de la experiencia, soy consciente de que soy válida para trabajar y que me apetece intentar trabajar en un ámbito que disfrute.
Desde pequeña he sido introvertida y tímida, pero, después de haber cambiado radicalmente mi vida, me he dado cuenta de que puedo ser mucho más sociable de lo que pensaba y que, superando un poco la ansiedad social, se me da bastante bien conocer gente.
Vivir, medianamente, sola ha sido una experiencia bastante agradable. Aunque el tema de cocinar sigue siendo mi tarea pendiente, por lo demás ha sido fácil. Aunque la convivencia con personas distintas a ti te hace plantearte cuántas tilas son necesarias en un día.
Estoy muy orgullosa de mí. No ha sido una experiencia fácil, aunque sé que me he rendido con demasiada facilidad. Me propuse que 2025 iba a ser el año para salir de mis zonas de confort, pero también para cuidarme y, siendo totalmente sincera conmigo misma, supe desde el principio que no iba a ser feliz en ese lugar.
Por último, quiero agradecerle a mi compañero de piso. Quien ha jugado a favor de hacerme la vida imposible y dejarme calva, pero que también me ha cuidado y mimado cuando me ha visto realmente mal y, por supuesto, ha aguantado todo el odio que necesitaba dejar salir. No hubiese sido capaz de decir que sí sin saber que ibas a estar a mi lado. Gracias por haberme dado la oportunidad de crecer, a pesar de cualquier cosa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario