Mi abuelo murió hace dos años y, tras ello, fui feliz.
Al decir esto, probablemente muchas personas se estén llevando las manos a la cabeza, pero es la realidad. No lo he hablado con mi entorno y solo lo he contado en el podcast donde participo, pero por error la grabación de ese día no se guardó.
Mi abuelo murió el 12 de febrero de 2023. Yo llevaba seis años en una "no-relación" a distancia. Una relación que se tambaleaba desde hacía meses y en la que habíamos tenido muchas idas y venidas.
Cuando mi abuelo muere, yo asumo un rol dentro de mi familia en el que no me permito ser frágil. Mis tíos y mi madre pasaban el duelo de perder a un padre, así que me hice responsable de cuidar y apoyar a mis primos por ser la mayor.
Nunca lo dije, pero cuando llegaba a casa y dejaba caer esa coraza, solo quería que alguien cuidase de mí. No pasó. Y, conforme pasaban los días, más necesitaba salir del punto en el que estaba.
Soy una persona dependiente e intento salvar cualquier barco aunque el agua ya nos llegue al cuello, pero seis días después de la pérdida decido terminar mi relación y reconozco que fue liberador.
La muerte de mi abuelo supuso la necesidad de cambiar en mí. No podía estar seis años más estancada, seis años más esperando nada.
Me cuesta hacer cambios porque me generan muchísima ansiedad. Necesito tener todo bajo control y una rutina para mantener una estabilidad mental y emocional. Tiendo a tener pensamientos intrusivos y tendencias suicidas, así que aprender sobre mí misma, lamerme las heridas, cuidarme, saber que podía seguir, hizo que, poco a poco y por primera vez en la vida, fuese feliz.
Entendí que el mejor regalo que me hizo mi abuelo con su muerte fue querer estar viva.
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